La amistad

Ni en sus peores momentos el Santo Job perdió el contacto con sus amigos. Es verdad que lo amargaban al pobre recordándole su desgracia, su perdida de la fortuna, la muerte de sus hijos, todo…. pero ahí estaban y el Altísimo no permitió que Belcebú se los quitara.

A final de agosto, estuve de vacaciones dos semanas por primera vez en mi vida. Con barba, me levantaba a las 10 y me iba a robar higos al campo. ¡Fui hasta a la playa! Confieso que me sentí muy raro. Pepito Grillo me recordaba constantemente mis obligaciones diarias. Después, esa sensación se fue concretando….. me faltaban mis amigos.

Y recordé a todos mis amigos desde la infancia, especialmente a José Luis «El Melenas» y Kiko que era Testigo de Jehová. Con ellos dos, ideé las trastadas más grandes de mi vida:

A) la construcción de un coche a pedales con unas ruedas de bicicleta, una tabla y un volante que acabamos estrellando contra un muro de piedra bajando la cuesta de Pinares de San Antón. Los frenos y el casco eran opcionales y el pobre de Kiko, terminó con un chichón monumental y la prohibición expresa de su madre y toda la comunidad del Salón del Reino de los Testigos de Jehová del importante barrio de El Palo de volverse a juntar conmigo, ya que mi proceso de indoctrinación no prosperaba (mi madre seguía preparando bocatas de morcilla con cebolla para merendar y yo comiendo). Gran persona Kiko, no sé donde andará (creo que en Canarias).

B) Anterior a esto fabricamos una bomba casera recolectando todos los sprays de insecticidas, limpia cristales, etc de nuestras casas. Con esta historia, casi matamos a mi hermana Belén ya que un trozo de metralla no le alcanzó por centímetros. Menos mal que no se chivo y mi padre me castigo solo por los daños causados en el tejado de un vecino que me llevo a tirones de patillas.

Aquellas eternas tardes, cuando comprábamos unas Coca Colas de litro y unos merengues para ver la serie V. Esperando contemplar a la malísima de Diana la visitante extraterrestre zamparse un ratón vivo agarrado por la cola.

Después a lo Forest Gump empecé a recordar mi adolescencia que con vuestro permiso, me la voy a saltar. Primero porque no estoy muy orgulloso de ella y porque estoy convencido que es una enfermedad del hombre que pasa cuando uno se iba a la mili y después se casaba pero en la que me también acompañaron grandes amigos que añoro (alguno he podido recuperar el contacto o mantenerlo, otros como Ernesto ya no está en este plano)

Y entre recuerdos, llegué a la madurez, al periodo actual y me di cuenta que a lo largo de una vida laboral, llegas a conocer a muchas personas y yo puedo decir que muchos de mis actuales amigos los tengo, gracias a mi trabajo, algunos más trastos que otros pero forman parte de mi vida. Y me acordé de Job y le di gracias a Dios por ser tan pródigo en regalarme amigos. Nunca me han faltado.

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