Historias vietnamitas, quinto y último episodio.

Le Thanh Giang, el antiguo empleado del presidiario Le Thanh Wuan no eran familia. Resulta que en Vietnam, Le Thanh es como llamarse Antonio, Juan o Pepe. A nuestra llegada a Hanoi, nos dirigimos al hotel Renassaince 5*****, 2 cometas y 7 satélites que Mónica había reservado para nosotros. La quintaesencia del lujo asiático.

Nada más llegar a la recepción contraté el buffet más lujoso del hotel. Os prometo, que en todo el periplo de la Selva, no tuve ni un solo caso de dolencia estomacal, ni episodios de diarreas en el grupo (quitando el resonar de tripas vacías) pero cuando mis niñas vieron esa orgía gastronómica desplegada ante ellas, no pudieron contenerse y se pegaron un atracón tal, que al día siguiente estaban todas tomando Fortasec. Yo, sin embargo no me uní al festín porque tenía cita con el Sr. Giang y sentado en la entrada del hotel esperaba su llegada.

Apareció un muchacho de 19 años en una mobilette con un maletín negro. Tras presentarnos:

Toon: Le, me gustaría hablar con Vd., en un lugar tranquilo, ¿Le parece bien que demos un paseo por la calle?

Le: ¿Va Vd., a pegarme? (¡¡¡esto no es broma, me lo preguntó!!!)

Toon: Hombre, yo lo que quería es tener con Vd., una charla para que me explique qué ha pasado y para ver juntos cómo podemos arreglar esta situación ya que nos quedan dos semanas de viaje. Aquí no puedo hablar con tranquilidad porque nos puede oír el grupo y prefiero que tengamos privacidad.

Le: entonces de acuerdo.

Caminamos juntos y para romper el hielo, Le me contó que iba a casarse dentro de poco y yo lo felicité. Llegamos a un chiringuito de sillas de plástico y nos pedimos unas Coca Colas.

Y Le, ese muchacho frágil con gafas me pidió que le dejara hablar sin interrumpirle. Y yo me presté a escuchar la lección más importante que aprendí de mi viaje a Vietnam.

Le: Hace unos meses, mi jefe, comenzó a sacar dinero de la empresa para pegarse la gran vida. Cuando su padre, envió el primer deposito, el destinó ese dinero para comprarse un Mercedes.

Cuando me di cuenta, ya era tarde.
Todos los años en la Fiesta de Año Nuevo, es una tradición en Vietnam reunirnos en familia y contar las cosas buenas y malas que hemos hecho.

Este año, mi novia estaba invitada a mi casa, y yo me moría de vergüenza pensando que por mi dejadez, estaría colaborando a que su grupo llegara a Ho Chi Min y nadie estuviera esperando ya que mi jefe robó el dinero. Eso arrojaría un gran deshonor sobre mi y especialmente sobre mi PAIS!

Por eso, cuando murió su padre, y su hermana Mónica, fue a enviar el segundo depósito una semana antes de la llegada del grupo (eran 36.000 eur). Yo, truqué las cuentas de email de mi jefe, de manera que cuando el, enviaba un correo a su hermana, lo recibía yo y no ella y cuando su hermana le enviaba uno a Wuan era a mi a quien lo enviaba. De esta manera, conseguí cambiar el número de cuenta bancario de la empresa por el mío personal. Detuvieron a Wuan. Y el dinero lo tiene Vd. aquí en mi maletín.

Y efectivamente, en su maletín estaba.

Toon: Con ese dinero ¿Tiene Vd. suficiente para llevar a cabo los servicios?

Le: No, calculo que me faltarían 6.000 eur.

Toon: Si se los envío. ¿Me garantiza Vd. que no tendré más problemas?

Le: No. Yo solo tengo 19 años y poca experiencia turística. Pero le doy mi palabra que si confía Vd. en mi, trabajaré lo mejor que pueda.

Visitamos: Camboya, Ho Chi Min, Hanoy, el Delta del Mekong en barca y el viaje esas dos semanas fue un sueño.

Conocer al Sr. Giang: NO TUVO PRECIO. ¡Por cierto me invitó a su boda a los dos meses pero lamentablemente coincidió con la Semana Blanca y no pude ir.

Cuando me despedí del Sr. Tung éramos una familia, por el hubiera degollado a cualquiera.

He tenido la suerte de acompañar posteriomente a mi grupo de Granada al Perú, Alemanía y agosto pasado a NY. La foto del grupo estaba colgada en nuestra web hace poco.

Carmen la anciana de ojos dulces sigue igual de callada, solo saludando por las mañanas.

Fin de la historia.


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