Sueños de Potsdam

Tumbados dentro de nuestra cabaña estábamos los niños del barrio en el terreno de la casa abandonada. De repente por el tejado de hojas de palmera atravesó la pezuña de una cabra impactando de lleno en la cabeza de mi amigo José Luis “el Melenas”. Tras el primer invasor que para ser más preciso se trataba de un cabrón o macho cabrío prosiguió la toma del resto del rebaño que en cuestión de minutos se papeó nuestra sede social.

Una rápida inspección ocular de mi amigo (la salud es lo primero) constaté, tras ver cómo corría perseguido por el ejemplar macho de capra aegagrus hircus que estaba vivo y me puse a barruntar yo mientras Miguel el Cabrero (una leyenda local) y al que le faltaba el dedo anular (según decían se lo arrancó un burro mientras le daba de comer) lanzaba su honda para salvar al Melenas. Pues os decía queridos amigos que barruntaba yo dos cosas:

1.- Qué triste es la condición del cabrito pues o se queda chiquito o se hace cabrón

2.- Que era absolutamente necesario darle una ocupación e intereses provisionales a mi grupo de amigos ahora que nos habíamos quedado sin cabaña y mantener en ellos la tensión debida para el asalto decisivo; la invasión y toma del territorio de los pijos de Villa Cristina cuyos toboganes de cemento habían sido largamente codiciados por mi. 

Y es que el carácter esencial y permanente del hombre moderno y antiguo, ha sido la avaricia……

Extracto de mis memorias (Se publicarán cuando palme).

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Estos recuerdos de mi infancia se despertaron durante la visita esta semana de Potsdam (suburbio de Berlín) . Isabel, nuestra guía local, una erudita, nos estaba hablando de la infancia de Federico II el Grande “El Rey Filósofo” “El Rey Músico” …. de constitución menuda y bajito, influenciado por su madre y sus tutores de origen hugonote, se sintió muy pronto inclinado por la literatura francesa y la filosofía de la ilustración. Nacer en la corte de Prusia, era sinónimo de vida militar, protestantismo, mucho orden e higiene. En la corte hasta los mayordomos eran sargentos.

El Viejo Fritz

Desde su más tierna infancia  en Berlín, el padre de Federico le quiso quitar como hacemos los padres, los pajaritos de la cabeza a su heredero. Primero, le vendió la biblioteca y después lo rodeó de profesores de esgrima, generales, tácticas militares, orden, mucho orden y disciplina. A este pobre nunca le dejaron construir una cabaña en el terreno de Miguel el Cabrero. ¡Que importancia le damos en el Sur a la educación de los afectos!

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Y el príncipe Federico, de corazón sureño y un empollón empedernido, agobiado, sueña como buen adolescente dejarse de tanta tristeza y marchar a Londres (la ciudad más moderna de la época). Convence al Teniente Hans para desertar y se fugan. Poco anduvieron en su aventura ya que los descubren y son puestos en presencia del Rey.

Como en la mentalidad prusiana de la época, los sentimientos son estorbos para un príncipe heredero, su padre ordena decapitar al teniente Hans frente a sus ojos, por desertor y al canijo Federico lo mete en prisión “dos años” por el mismo motivo.

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Dos años dan para mucho y claro cuando lo llama su padre, Federico jura solemnemente dejarse de tonterías y centrarse en su vida militar y de propina lo casan con Isabel Cristina (condición sine qua non para volver a ser el heredero). Ya lo dice el refranero popular: cuando pasen por tu puerta vendiendo rábanos, compra rábanos. No iba a ser el hombre melindroso después de lo que llevaba pasado.

Y cuando palma su padre y accede al trono como buen alemán cumple su promesa y se dedica a la guerra con tanto ahínco y dedicación que ensancha su reino por todos lados para desgracia de polacos y austríacos. Fue uno de los mayores genios militares de la historia. Con respecto a su matrimonio, no hubo hijos, ni contacto. Quizás se pueda expresar mejor con esta poesía flamenca: Como los railes del tren, son tu cariño y el mío. Uno al laíto del otro, to palante to seguío.

El caso es que éste déspota ilustrado una vez cumplida su promesa de ser un buen militar y estratega, se dedicó a reinar, cuidó mucho y bien de su pueblo, decretando leyes que protegieran a los más débiles: abolió la tortura, dio independencia a los jueces y construyó un castillo impresionante para hacerle sombra a Versalles (en el que nunca quería estar).

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Pero su mundo era otro y llegado el momento, se cumple aquello de quien nace lechón, muere cochino o bien aquello de quien no la corre de potro la corre de caballo y se acuerda Federico el Grande que el tenía vocación de empollón, y se hace construir una Villa Palacio: Sansssouci, lugar donde volvió a ser el menudo Federico y recopila una bellísima biblioteca, compone música barroca con su amigo Bach y desempolva su flauta travesera, reuniendose en una sala con diferentes filósofos (Voltaire estuvo dos años por ahí), llegando a edad avanzada junto a sus once perros a los que adoraba, (se cuenta que tras la guerra que había costado la vida a una séptima parte de la población prusiana lloró sin consuelo sobre el cadáver de uno de sus perros que había fallecido durante su ausencia) y apodando el pueblo con cariño al Kaiser con el definitivo mote “El Viejo Fritz”

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En su tumba, que se visita, sobre su lápida, siempre hay patatas. Parece que el pueblo que pasaba necesidades no quería comer estos tubérculos porque pensaban que eran venenosos, así que Federico plantó en varios huertos patatas pero les puso al lado, soldados que los vigilasen. De esa manera el pueblo pensó que debían ser muy valiosos y comenzó a comerlos.

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Tras estas explicaciones tan interesantes de nuestra guía. Iba yo reconociendo en el ejemplo del mayor monarca alemán de la historia, que si bien en cuestiones de disciplina y trabajo, éste es un pueblo encomiable, para conocer bien el carácter teutón uno encontrará mucha dificultad en lo afectivo ya que si bien existe humanidad y sentimientos, se soterran primero ante la obligación y el deber y se pospone hasta la consecución total de dichos objetivos. Cosa, completamente opuesta a la plenamente mediterránea de nuestras “Azúcar Moreno”:

¡Sólo se vive una vez!

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Es en Potsdam, donde Isabel también nos llevo al palacio Cecilienhof, lugar de residencia del último Kaiser Prusiano y más importante aún, lugar de encuentro de los Tres Grandes: Churchill, Truman y Stalin.

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Ya hemos visto que tener objetivos es cosa importante para la moral del ser humano y especialmente para el pueblo alemán.

Hablar de las Guerras Mundiales tiene mucho que ver con el poder económico y por ende con la producción de las grandes empresas alemanas que han regido y rigen su destino y decisiones políticas aun hoy.

IG-Farben produjo el famoso gas Zyklon-B. de esta empresa química salieron otras muy conocidas hoy: por ejemplo Bayer.

Basf, AEG, Siemens, Daimler Benz, BMW ya existían y colaboraban con el gobierno nazi y en la postguerra, escaparon del desmantelamiento, pues en plena guerra fría eran necesarias para la reconstrucción del sector occidental. Si queréis profundizar sobre ese periodo sin parar de reír, os recomiendo ver la película de Billy Wilder: un, dos, tres.

uno-dos-tres

Existen algunos momentos y ocasiones en la vida que tras una desgracia o problema tremendo una persona no se desanima, ni hay nada en el mundo que le parezca merecer una discusión. Pues bien, eso es exactamente lo que le pasó al pueblo alemán a raíz del resultado de esa reunión en el palacio de Cecilienhof.

Stalin llegó con 24 horas de retraso, vestido de militar (nunca lo fue) transportado en un tren blindado desde Moscú (en el trayecto había situado un soldado ruso cada 10 km.) Truman acababa de ser informado que los científicos americanos habían descubierto la bomba atómica y el Gran Churchill no pudo terminar la reunión porque durante la misma perdió las elecciones contra Clement Attlee.

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En Churchill se cumple el axioma: en los momentos de gran emoción la humanidad desprecia toda consideración ruin o interesada, pero tales momentos suelen ser fugaces.¡ Y tan fugaces! Los ingleses cansados de tantas privaciones durante la guerra, eligen al candidato Laborista, eliminando de un plumazo a su mayor héroe y encima acertaron, ya que Atllee sentó las bases de la Sanidad Pública y es el padre del estado del bienestar y recordado por la historia como el mejor Primer Ministro del Reino Unido. Lo digo a boca llena, es la mejor democracia del mundo.

Es aquí en Potsdam, donde Truman, consciente que gracias a su poderío nuclear, no tiene necesidad de la colaboración de la Unión Soviética, decide dejar de amamantar al bebe Stalin al que le informan que USA puede solita con Japón (por cierto este verano viajamos a Japón a un precio magnífico). Es allí, a la salida del encuentro el dos de agosto cuando da la orden de lanzar la bomba sobre Hiroshima que detonó el seis de agosto de 1945.

En sus salas se decide el reparto de Europa y la Unión Sovietica rige los destinos de Polonia, Hungría, Rep. Checa, etc… Aquí en Cecilienhof comienza la Guerra Fría.

¿Y Los alemanes? Pues al igual que su príncipe Guillermo II tras salir de la prisión, (cinco años de guerra y la dictadura nazi) ven cómo en Potsdam, Berlín es dividida, así como Alemania y se les marcan nuevos objetivos que al igual que su ilustre monarca aceptan sin rechistar:

A los orientales les mandan ser comunistas y a los occidentales, capitalistas y demócratas acérrimos.

Berlín occidental por normativa pasa de un plumazo de nazi a ciudad abierta. Es el paradigma liberal (los ocupas son bienvenidos), se fomenta la cultura, se mima a sus ciudadanos con subvenciones, a las empresas de toda la vida se la nutre con inmigración turca o española haciendo la vista gorda a sus dirigentes con pasado oscuro porque el nuevo enemigo: el comunismo ha de ser abatido a toda costa.

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Se llega a la locura total el 13 de agosto de 1961 con la separación de la capital con un inmenso muro que no caerá hasta el 9 de noviembre de 1989. A un lado prosperidad, desarrollo y libertad (subvencionadas) y al otro, pues listas de esperas de hasta diez años para disponer de un coche Trabant, hecho de cartón prensado.

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Y cuando cae el Muro, tras la euforía, un nuevo objetivo que aplaza de nuevo el Sansssouci Alemán. La reunificación, nuevo orden mundial, la Unión Europea, empujados por los dictámenes del libre comercio y por supuesto por los intereses de sus empresas, las mismas que dirigen los entresijos del corazón de Europa y que nadie me tilde de bolchevique que yo no quiero un coche de cartón prensado, y creo absolutamente en el esfuerzo personal por encima de la solidaridad social pero lo que ocupa mi mente en Potsdam, es saber cuáles son los sueños de los alemanes, al margen de los objetivos que cada época les marca, cuáles son los sueños más profundos de Europa, dónde están nuestros anhelos que poco importan que podamos cumplir o no porque eso es secundario. Lo que sí que importa es saber quién soy. ¿Lo sabe Alemania? ¿Lo sabe Europa?